Responsables y comunicación
Se identifican responsables de ambas partes, participantes y mecanismos de comunicación. La frecuencia de las reuniones se define según el alcance y la etapa del trabajo.
Cinco etapas para estructurar la colaboración, acordar el alcance y evaluar el trabajo desarrollado con cada organización.
El marco retoma la metodología publicada por OBZE y desarrolla sus puntos de decisión. La profundidad de cada etapa depende del servicio, la información disponible y las condiciones del proyecto.
Primero comprendemos la situación; después acordamos las prioridades y el plan. La implementación genera las evidencias que permiten evaluar el trabajo y decidir cómo continuar.
Para mostrar esta relación, seguimos un ejemplo de coordinación entre ventas y operaciones a lo largo de las cinco etapas. Es un caso ilustrativo, no un proyecto ni un resultado real de OBZE.
Comprender el contexto antes de delimitar la intervención.
Comenzamos por entender qué necesita cambiar.
Antes de proponer una solución, escuchamos a la dirección y a las personas involucradas. Delimitamos el problema y reunimos el contexto necesario para investigarlo.
Con el problema delimitado, podemos analizar sus causas.
Analizar las necesidades →Distinguir síntomas, causas y prioridades de atención.
Del síntoma a las causas que debemos atender.
Contrastamos la información con la operación cotidiana. El diagnóstico permite acordar qué problemas atender primero y sobre qué evidencia construir la propuesta.
Las prioridades del diagnóstico se convierten en criterios para elegir una solución.
Formular alternativas →Seleccionar una intervención acorde con objetivos y recursos.
De las prioridades a un plan que podamos ejecutar.
Comparamos alternativas con los objetivos y los recursos disponibles. Acordamos qué se hará, quién participará, qué se entregará y cómo se revisará el trabajo.
La propuesta aprobada es el punto de partida de la implementación.
Poner el plan en práctica →Desarrollar el plan de acción con participación de la organización.
Del plan aprobado al trabajo cotidiano.
Con el alcance y los responsables acordados, desarrollamos el trabajo con su equipo. Revisamos avances, registramos ajustes y contrastamos los entregables con lo que se aprobó.
Los entregables y los registros de implementación permiten evaluar lo realizado.
Evaluar y dar seguimiento →Valorar el avance y los resultados frente a los objetivos establecidos.
De lo realizado a la siguiente decisión.
Revisamos las evidencias frente a los objetivos y criterios acordados. Con su organización definimos qué puede cerrarse, qué requiere ajustes y qué conviene seguir observando.
El cierre deja resultados documentados y acuerdos sobre las acciones pendientes.
Conversar sobre su proyecto →Se identifican responsables de ambas partes, participantes y mecanismos de comunicación. La frecuencia de las reuniones se define según el alcance y la etapa del trabajo.
Antes de producir un entregable se acuerdan su propósito, contenido y condiciones de revisión. Los ajustes se relacionan con estos criterios y con las decisiones del proyecto.
Cuando surge un requerimiento adicional, se revisa su efecto en actividades, recursos y calendario antes de incorporarlo al plan.
La evaluación se apoya en productos de trabajo e indicadores pertinentes. Cuando se requiere medir una mejora, se acuerdan la línea base y las condiciones de comparación.
El recorrido es el mismo: comprender, diagnosticar, acordar, implementar y evaluar. Lo que cambia es el objeto de trabajo y el resultado que necesita su organización.
Del diagnóstico de la operación a un plan de mejora.
Explorar servicio →02De las necesidades del equipo a acciones de desarrollo.
Explorar servicio →03De la necesidad educativa al diseño de una experiencia formativa.
Explorar servicio →